Los niveles de exigencia se han vuelto cada vez más altos, más desafiantes, por lo tanto, tener una mentalidad indestructible para afrontarlos se hace cada vez más esencial.

Así como hay muchos retos que requieren que seamos hombres mentalmente fuertes, otras exigencias han desaparecido y ya no nos quitan el sueño.

Ya no tenemos que preocuparnos por pasar la noche en un lugar seguro para no ser atacados por animales feroces ni caminar durante horas en la búsqueda de alimento, ni sufrir ciertas enfermedades y lesiones que podrían ser fatales sin el tratamiento médico adecuado.

Cada época de la historia ha tenido sus pros y sus contras, por lo que nuestra mente ha aprendido a gestionar las amenazas y situaciones a las que nos enfrentábamos.

¿Y por qué te cuento todo esto?

Porque una constante del éxito personal es ser capaz de utilizar la mente de la forma más potenciadora posible.

Se trata de construir una mentalidad fuerte te ayude a transitar por la vida, que te impulse en cada paso del camino.

Sin embargo, podemos distinguir 3 tipos de mentalidades:

La mentalidad frágil

Es aquella mentalidad en la que hay que tratarte con delicadeza.

Donde necesitas que se midan las palabras que te dicen, donde las críticas te destrozan. Donde hay que tratar a ese hombre con mucho tacto para que no se desarme o derrumbe.

La mentalidad de muralla

Es la actitud mental que exhorta a aguantar lo que sea, que nos dice que somos más fuerte que cualquier cosa que venga. Como si fuéramos un muro, que resiste y que busca no ser derrumbado.

Y si, esta segunda mentalidad puede sonar grandiosa, pero espérate a leer la siguiente mentalidad.

La mentalidad anti-frágil

Esta es una actitud en la que establecemos que cualquier cosa que se nos ponga en el camino va a alimentarnos para hacernos mejores, más fuerte y más resistente.

A diferencia de la mentalidad de muralla, no ves enemigos a vencer, ves lecciones a aprender. Esto hace que percibas la vida no como un problema a resolver, sino algo que experimentar, aprender y disfrutar.

Puedes ver esta mentalidad como el fuego, a medida que ve obstáculos, los consume para hacerse más grande y fuerte. Es una actitud mental de mucha flexibilidad, adaptabilidad y, en consecuencia, crecimiento.

¿Cuál de estas mentalidades querrías desarrollar en ti?

Estarás de acuerdo conmigo que la mentalidad que más nos interesa es la anti-frágil.

La mentalidad frágil es demasiado delicada y susceptible, nos convierte en una víctima de todo lo que nos ocurre. Y, dicho sea de paso, es lo que hace que tantas personas hoy parezcan hechas de cristal.

La mentalidad de muralla, a pesar de tener una fortaleza que nadie cuestiona, desgasta mucho porque no podemos bajar la guardia ni un momento.

Entonces, para fortalecer la mentalidad anti-frágil, quiero compartir contigo cuatro ideas, cuatro enfoques que, si les das la oportunidad, van a acercarte un más a esta mentalidad que todos estamos buscando construir en nuestra vida.

1. Cambia las amenazas por desafíos

Cuando llega un momento a nuestra vida que nos saca de nuestra zona de confort, es determinante observar aquello en lo que nos estamos enfocando.

Es decir: ¿vemos amenazas o desafíos?

Si lo observamos como una amenaza, nuestros procesos fisiológicos nos harán sentir amenazados.

El miedo te invade de forma que respiras de manera más superficial, te tocas más la cara, se te encoge el pecho, caminas con más cuidado, tu confianza disminuye, todo parece ir en tu contra.

En cambio, si lo ves como un desafío, como algo excitante, algo que puedes superar, tus procesos fisiológicos serán muy diferentes.

Empezarás a sonreír. Caminarás con firmeza. Mantendrás la mirada en alto. Tendrás respiraciones más alargadas y te sentirás motivado a actuar.

Mirar las amenazas como desafíos es comprender que tienes los recursos necesarios para afrontar cualquier situación que se te presente y que, a pesar de que pueda salirte mal o puedas equivocarte, encontrarás la manera de continuar hacia adelante.

Debes aprender a enfocar lo que ocurra con una mentalidad de crecimiento. En donde la búsqueda de estos desafíos se convierta para ti en el siguiente paso lógico que te permita subir de nivel, como si fuera un videojuego.

Aquello donde te enfocas determina dónde va tu energía. Y, por lo tanto, determina las acciones que tomas.

Por eso es importante empezar con una perspectiva correcta y nada mejor que tomarte el obstáculo en el camino como un reto.

En ningún caso te recomiendo que tengas esa mentalidad ilusa del “yo puedo con todo y todo va a salir perfecto, porque yo soy más grande que la vida”, porque el falso optimismo te lleva a tener expectativas irreales.

Es una mentalidad ingenua (y hasta arrogante) que sólo ocasionara que la vida nos dé un golpe de realidad.

Los estoicos entendían muy bien este principio, entendían que el obstáculo es el camino.

2. Más opciones mejora tu confianza

Subestimamos el poder de las opciones y la enorme influencia que tiene sobre nuestra confianza y fortaleza mental.

¿Te ocurrido en alguna ocasión que querías conseguir algo y al saber que tenías más opciones para alcanzarlo sentiste una especie de seguridad y paz mental?

Cuando sabes que ante un reto tienes un plan A, un plan B y un plan C, tus niveles de paz y fortaleza mental se disparan.

En muchos casos, no se trata tanto de tener varias oportunidades tocando tu puerta, sino de tener las cosas preparadas y saber qué hay muchas acciones que podemos tomar cuando el plan no marcha como esperábamos.

Imaginemos que tienes unos 30.000 dólares para iniciar un negocio.

En lugar de invertir todos tus ahorros en un solo tiro de suerte que puede o no funcionar. Por qué no invertir 5.000 en un proyecto, 5.000 más en una segunda opción y otros 5.000 en una tercera opción.

Tienes la misma meta: tener un negocio rentable y mejorar tus finanzas, pero ahora tus opciones están distribuidas. Y no arriesgas todo en una sola mano.

Has de buscar tener tantas opciones como sea posible para llegar a tu escenario deseado, ya que muchas veces caemos en el error de pensar que hay un solo camino para lograr lo que queremos y no es así.

En resumen, aumenta tus opciones y tu confianza aumentará al igual que tu fortaleza mental.

3. Pasa del victimismo a la responsabilidad

¿Cuántas veces te has pregunta: “¿Por qué me pasa esto a mí?”?

Y aunque es una reacción bastante común, es una frase poco decisiva y que le encanta a la víctima que llevas dentro.

No estoy diciendo que no reflexionemos sobre lo que nos ocurre y el porqué de las cosas, pero no permitamos ser atrapados por una mentalidad que se queja y no hace nada para cambiarlo.

Tu trabajo es tomar cuanto antes algún tipo de acción para pasar a la siguiente página, para evitar quedarte estancado.

Si queremos desarrollar una mentalidad anti-frágil debemos incentivar un diálogo más responsable.

Una en la que no te preguntas una y otra vez: “¿Por qué me pasa esto a mí?”.

Sino que te preguntas: “¿Qué me brinda esto a mí?”.

 “¿Qué acciones puedo tomar ahora y están bajo mi control?”

“¿Qué necesito hacer AHORA para superar lo que está sucediendo?”

4. Entender que se gana o se aprende, no hay pérdida

No enseñaron que cualquier cosa que haces en la vida o te sale bien o te sale mal. Eres un ganador o eres un perdedor. Como si lanzarás una moneda al aire y solo tienes un resultado posible.

Caminar por la vida con esta mentalidad alimenta nuestro miedo al fracaso. Nos desgasta. Nos vuelve extremadamente precavidos.

Nunca arriesgamos y nos quedamos en la zona de confort, por miedo a perder.

Ahora bien, no te voy a mentir, no se trata de ser ingenuos y creer que fracasar nunca es una posibilidad, porque lo es, pero fallar en algo únicamente se convierte en fracaso cuando no obtenemos ningún tipo de aprendizaje.

Buscar esa lección, esa semilla de crecimiento, es “algo” que potencia nuestra mentalidad anti-frágil.

Ante los eventos que sientes que has perdido, que las cosas han salido mal o has fracasado, pregúntate:

“¿Qué he hecho bien?”

“¿He aprendido algo que puede servirme más adelante?”

“¿Qué voy a hacer ahora para mejorar?”

“¿Qué no debo volver a hacer?”

Y recuerda esto: puedes perder, pero no pierdas la lección.

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